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Orden sacerdotal

ordenPor el Sacramento del Orden, la misión confiada por Cristo a sus Apóstoles sigue siendo ejercida en la Iglesia hasta el fin de los tiempos. Por eso mismo, es uno de los dos sacramentos al servicio de la comunión y de la misión. Orden indica un cuerpo eclesial, del que se entra a formar parte mediante una especial consagración (Ordenación), que, por un don singular del Espíritu Santo, permite ejercer una potestad sagrada al servicio del Pueblo de Dios en nombre de Cristo y con su autoridad. Decía, al respecto, Santo Tomás de Aquino: «Solo Cristo es el verdadero sacerdote; los demás son ministros suyos».

El Sacramento del Orden otorga una efusión especial del Espíritu Santo, que configura con Cristo al ordenado en su triple función de Sacerdote, Profeta y Rey, según los respectivos grados del sacramento. La ordenación confiere un carácter espiritual indeleble: por eso no puede repetirse ni conferirse por un tiempo determinado. Estos ministros ordenados, en el ejercicio del ministerio sagrado, no hablan ni actúan por su propia autoridad, ni tampoco por mandato o delegación de la comunidad, sino en la persona de Cristo Cabeza y en nombre de la Iglesia. Por tanto, este ministerio sacerdotal se diferencia esencialmente, y no solo en grado, del sacerdocio común de los fieles, para cuyo servicio lo instituyó Cristo.

El Sacramento del Orden se compone de tres grados, que son insustituibles para la estructura orgánica de la Iglesia: el episcopado, el presbiterado y el diaconado. En cada uno de estos tres grados, el sacramento del Orden se confiere mediante la imposición de las manos sobre la cabeza del ordenando por parte del obispo, quien pronuncia la solemne oración consagratoria. Con ella, el obispo pide a Dios para el ordenando una especial efusión del Espíritu Santo y de sus dones, en orden al ejercicio de su ministerio.